El central para Kloop

Antes del empate a tres que tuvo lugar entre Arsenal y Liverpool el pasado 22 de diciembre, Jürgen Klopp destacó un dato que revela los problemas que estaba teniendo el equipo, y que de alguna manera sigue tratando de corregir: su fragilidad defensiva. El alemán aludía a los cuatro goles encajados en los últimos nueve encuentros de la Premier League como una estadística especialmente relevante en la trayectoria liguera de los de Anfield. La diferencia de calidad que presentan los reds entre las dos mitades del campo ha llevado a su entrenador a tratar de reducir dicha distancia, contratando al central holandés Virgil van Dijk.
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Se entiende que Klopp se haya fijado en van Dijk, por varios motivos. Con la evolución del biotipo físico del futbolista y la propia del fútbol como juego, la altura, por exceso o por defecto, no presenta un serio problema de por sí para realizar un gran número, no todas, de acciones dentro de un mismo partido. Si bien se sabe que la velocidad punta y la cintura para cambiar de dirección y corregir su posición no son lo que mejor puede hacer un tipo de más de 1’90m, la preparación física, el método de entrenamiento, los sistemas de juego y las demás cualidades de un futbolista tan grande pueden compensarlo todo.
Lo que más llama la atención de van Dijk es su magnitud. Sus 193 centímetros son de altura y también de envergadura, mostrando un poderío muscular realmente impactante, crucial para el juego aéreo y el choque con delanteros de una competición habituada a la fricción y el ritmo alto. Klopp, que siempre ha priorizado centrales pronunciados aunque juegue con la zaga muy adelantada, confía en que Van Dijk ofrezca lo que supo ser Mats Hummels. A escala, un defensa que use sus virtudes físicas en situaciones de superioridad física, en distancias cortas, y trate de escapar de sus carencias en base a la anticipación, la visión de juego desde la primera línea y la personalidad para defender duelos individuales con mucho espacio a su espalda.
Porque defender en un equipo de Klopp requiere precisamente de grandes dosis de personalidad. Salir mucho más que quedarse y no tardar demasiado en actuar e intervenir en cada situación defensiva, dejando al delantero sin demasiado tiempo para discurrir. Aunque Van Dijk encaja bien en esta teoría, lo cierto es que el central neerlandés tiene un gran sentido de la colocación y el equilibrio, contemporizando con bastante acierto en jugadas en las que el control y la superioridad la tiene su adversario. Además, es habitual verle interpretar bien la presión de dos puntas sobre centrales de los rivales, activando el espacio que queda entre medios y atacantes del oponente para conducir la pelota, usar su cuerpo como barrera protectora y elegir después sobre la línea de pase que le ofrezcan sus compañeros.
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No obstante, la práctica será un test de enorme exigencia para Van Dijk. Ni Lovren ni Matip han logrado lo que muchas veces ha dado la sensación que necesitaba mostrar un central de este Liverpool: exhibirse con actuaciones heroicas. Si Van Dijk logra escapar del error individual y logra esconder sus defectos en un sistema que puede exponerlos, habrá sido un acierto para Anfield.