Argentina

Didier Deschamps se apartó del eufórico festejo de sus jóvenes jugadores tras el trepidante 4-3 sobre la Argentina para acercarse a un futbolista que parecía petrificado. Llegó desde atrás, por eso Lionel Messi no sabía quién lo estaba consolando. No podía ser Jorge Sampaoli, que apenas terminó el partido se fue al vestuario. El abrazo del técnico francés fue genuino, un gesto noble de alguien que en 1998 fue campeón mundial, ese objetivo que quizás ya nunca alcance el ‘10’ argentino.
Antes del Mundial, si se le preguntaba a los Messi si el de Rusia sería su último Mundial, la respuesta llegaba con convicción: “No, va a estar en Qatar, va a llegar bien aunque tenga 35 años, jugará más atrás, repartirá más juego en vez de ser el que defina, pero va a llegar bien”. Ahora habrá que dejar pasar un tiempo prudencial para plantear el mismo interrogante, porque la Copa del Mundo es ya, clarísimamente, el arcón de los malos recuerdos de Messi. Javier Mascherano le pidió que siga, pero podría suceder que Messi no quiera saber nada más con la selección.
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Fanático de la celeste y blanca desde que era un nene, esa camiseta le hizo conocer los costados más duros del fútbol, aunque le haya dado también enormes alegrías. Si José Perkerman lo dejó en el banco en 2006 ante Alemania, en un partido en el que los locales veían con profundo temor la posibilidad de enfrentarlo, en 2010 sufrió a Diego Maradona como técnico. Brasil 2014 fue un logro con el subcampeonato, pero Messi falló en la final ante Neuer un gol que metió muchísimas veces en su vida,
llegando en diagonal desde la izquierda.
Camisetas y equipaciones de la La Ligue 1 francesa: Paris Saint Germain, AS Mónaco, Marseille.
Es el día de hoy que, cuatro años después, nadie en su familia le habla de aquel gol que no fue. “Le duele demasiado”, explican. Seguro que duele, pero aquello fue al menos en la final. Rusia 2018, en cambio, entró en la historia como el Mundial más incomprensible en la carrera del crac del Barcelona, y no sólo por el adiós en octavos de final. Consuelo de tontos: si pasaron veinte años y nadie sabe a ciencia cierta qué le sucedió a Ronaldo en la final de Francia 98, bien pueden pasar unos días, semanas y, cómo no, años, hasta tener claro qué le pasó a Messi en la peor Copa del Mundo de su carrera. Las tres semanas en Rusia abollaron de forma importante su imagen de mejor jugador del planeta. Que Cristiano Ronaldo siguiera su camino un par de horas después sólo habla de lo competitivo que es el fútbol de hoy.
Brasil 2014, un Mundial de siete partidos para la Argentina, mostró a un Messi que fue de mayor a menor. Sin él no se hubiera superado la fase de grupos, pero con él no se pudo imponer una ventaja decisiva en la final. Rusia, en cambio, fue otra cosa, un casi permanente querer y no poder. O peor: la impresión de que por momentos lo abrumaba la certeza de que el asunto no tenía solución. Es bien cierto que la selección de Sampaoli fue caótica y cayó como pocas en el pecado habitual con Messi.